Identidad Cultural y Pueblos Originarios

José Zanardin

Quiero comenzar con un cuento. Es sobre un jardín donde había muchas verduras conocidas (zanahorias, lechugas, remolachas, etc.), excepto una que emitía una luz brillante, como rayos de luz. De cierta manera, eran vegetales-cristales, que ofrecían  un espectáculo para la gente que pasaba. Acaparaban toda la atención de los transeúntes, generando malestar entre los demás vegetales del jardín, hasta que un día, cansados de tanta centralidad de los vegetales-cristales, empezaron a retarles, a hacerle la guerra, sin descanso. Los “cristales” empezaron a opacarse, perdieron su brillo, sus luces. Se habían convertido en cebollas, pero adentro aún quedaban las luces.

Un día pasó frente al jardín un chaman, un sabio, quien se dio cuenta de que en esa huerta pasaba algo raro. Percibía que allí había sufrimiento, que alguien no podía ser lo que quiere ser, por lo que empieza a llorar y llorar sobre esa huerta. Habla con la naturaleza, se dirige a los vegetales y les dice: “yo lloro, siento que acá pasa algo raro”. Los vegetales, le contestan: “no, aquí no pasa nada”. Pero seguidamente se escucha, casi como un murmullo, “no podemos hablar porque nos retan mucho”. Hablaban tímidamente las cebollas. El shaman pide a las cebollas que hablen más alto, así éstas le explican lo sucedido. El shaman, entonces, les dice “ustedes tienen que ser lo que eran originariamente”. Toma a una cebolla y empieza a quitar sus capas.

La identidad es eso, ser lo que somos, ser lo que queremos ser.

El proceso de construcción de las identidades, principalmente de los grupos menos favorecidos por el sistema, es muy obstaculizado. Cada pueblo tiene sus luces diferentes. Y es el conjunto de esas luces, como en una orquesta, lo que está en la base de la riqueza de la humanidad. Cuantos más instrumentos hay en una orquesta, más bella puede ser la música.

La historia de nuestros pueblos, cuando se formaron las modernas repúblicas, se basaron sobre los pilares de la revolución francesa. Sin embargo, el principio de igualdad fue mal interpretado, se lo confundió con uniformidad. Así se empezaron a borrar las diferencias identitatiras de los pueblos originarios. Las repúblicas modernas buscaron eliminar sus idiomas, confiscaron sus territorios.

El atropello a las identidades de los pueblos originarios ha sido sistemático, despojándoles de sus bienes ancestrales. Pese a ello, perviven. En el Paraguay, existen 20 lenguas indígenas hoy. Por lo tanto, es falsa esa imagen de un país donde solo existe una lengua indígena: el guaraní.

Qué es la identidad

La identidad es definida en relación a otros, en el reconocimiento de los otros como contemporáneos, lo que implica establecer confines, que no son discriminación ni racismo. El reconocimiento del otro como contemporáneo, como existente ahora rompe con la mirada generalizada, inclusive la que tuvo la antropología clásica. Esa mirada de lo otro como exótico, folclórico, objeto de estudio, y no como sujeto histórico. La nueva mirada es reconocer la contemporaneidad de estos pueblos, por lo tanto, establecer relaciones de igual a igual.

Es como en la botánica: la diversidad de las plantas fortalece y defiende a las especies. El monocultivo ya dio muchas pruebas de su debilidad e insustentabilidad. Lo mismo sucede con la cultura. La diversidad cultural fortalece las estructuras de los estados modernos, pero también las pone en crisis cuando éstos la desconocen. La diversidad es tan fuerte que ha provocado caída de imperios. La caída del muro de Berlín y del Imperio soviético son pruebas fehacientes.

El proceso identitario supone autoreflexión (nosotros somos esto) y dinamismo, por lo tanto, cambios.

Identidades y economía solidaria

Dentro de las culturas indígenas, los pueblos tienen mucho que decirnos y enseñarnos en materia de economía solidaria.  Por ejemplo, en el Chaco árido y húmedo, los pueblos indígenas consumían 35 clases de vegetales y 15 de carnes, números que no se comparan a la diversidad de vegetales que uno encuentra en el supermercado de una ciudad. Se trataba de una economía de la abundancia. Es el primer elemento que rescato. La abundancia produce una ética de la solidaridad. Lo que se cazaba era distribuido entre todos los grupos e individuos de la comunidad, pero en función a las necesidades y características de cada cual. La demanda de un joven es  diferente a la de una mujer embarazada, cada uno recibía la carne que mejor satisfacía sus necesidades. Se trataba de una distribución inteligente.

La situación de la selva impedía la acumulación. No había heladera, luz eléctrica, era necesaria consumir en el día, el día siguiente, a lo sumo

Cuándo voy junto a las comunidades indígenas, algunos me preguntan, “¿qué vas a enseñar a los indígenas?”. Yo respondo: “yo voy a aprender”. Ante mi respuesta, es común escuchar:  “pero cómo vas a aprender vos de los indígenas, qué saben ellos”.

Justamente la actitud de aprendiza es la que nos falta para reconocer y valorar la diversidad cultural, principalmente la de los pueblos indígenas. Ponernos en la actitud de aprender implica solidaridad, compartir, y abrirse a la posibilidad de (re) conocer otros tiempos, otras alegrías. En las comunidades indígenas, la comunidad es terapéutica en sí misma. Claro que no podemos volver a vivir como los pueblos indígenas, pero podemos aprender de ellos para re-ver nuestras formas de vida.

Otro ejemplo, es su relación con la naturaleza ¡Tantos congresos sobre desarrollo sustentable se realizan desde hace algunos años! Los grandes maestros son los pueblos indígenas. El concepto sagrado de la tierra y, particularmente, el concepto de la “tierra sin mal” de la nación guaraní, nos desafían a rever nuestras políticas de relación con el ambiente, con la naturaleza. Detrás del concepto de la “tierra sin mal” hay toda una visión de bienestar, que nosotros, los occidentales, apenas atisbamos.

No veo un bello panorama para los pueblos indígenas. La represión de los últimos 2 siglos fueron casi peores que la perpetrada por la Colonia. La república ha intentado siempre vaciarles de su contenido, logrando en muchos casos. Indígenas que dicen “nosotros no queremos maestros indígenas, porque no saben” o “para que queremos hablar en nuestro idioma si no sirve para nada… “, cuando un grupo dice esto, significa que ha sido vaciado, avasallado. 

Hay casos diferentes. Algunos grupos indígenas como el Maka, han logrado fortalecerse como grupo, pese a las dificultades y los cambios. Otros han tenido peor suerte. La cuestión económica es clave para los indígenas. La autonomía en la producción, comercialización y el consumo, o sea, el proceso total, es claves para su supervivencia y dinamismo.
 
 
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